un tributo al maestro
Desde la noche anterior, entre insomnios y duermevelas, pensando en el porvenir de mi pasado, hablando con el otro yo, aquel es mi próximo prójimo, pude, a pesar del calor provocado por esta primavera con esquina rota, conciliar el sueño.
Esta mañana, entre el almuerzo y dudas, salí a recibir la correspondencia, mi buzón de tiempo estaba desbordado, lleno de Inventarios, cuentas y periódicos. Al darme la vuelta, me quedé admirando la casa y el ladrillo rojizo que la conformaba; no sé cuánto tiempo pasó, pero yo, perdido en recuerdos olvidados, jamás noté que el viento del exilio soplaba con fuerza.
Decidido, entré de nuevo a casa, dispuesto a leer el reportaje sobre montevideanos que, con y sin nostalgia, me recordaba los adioses y bienvenidas de aquel viaje realizado a Uruguay para celebrar el cumpleaños de Juan Ángel, cuando éramos niños, donde cómo piratas imaginarios, jugábamos a quemar las naves del enemigo a orillas del Río de la Plata.
Al seguir leyendo, me encontré con poemas de otros, y gracias a mis despites y franquezas, jamás noté que mi taza vacía, sólo albergaba la borra del café, luchando por existir todavía, tratando de tocar esa boca que lanza preguntas al azar, canta canciones del más acá, que en defensa propia, siempre entona canciones del que no canta.
Sumido en mi lectura de poemas de la oficina, no me di cuenta que el parte está desierto, era tiempo de emprender el viaje de salida, ese viaje para olvidar el amor, las mujeres y la vida, la vida ese paréntesis. Mi viaje es de ida y vuelta, voy a la vecina orilla, a visitar a Pedro y el Capitán, quiero alargar la tregua, establecer las nuevas geografías.
Sólo mientras tanto, el mundo que respiro va tendiendo andamios contra los puentes levadizos, siendo testigo de uno mismo y obligándome a preguntar ¿quién de nosotros tiene noción de patria?
Las estaciones de tren presentan situaciones cotidianas, yo, encerrado en mi escritura, en un rincón de haikus, he dejado de pensar en la víspera indeleble, y recuerdo que el olvido está lleno de memoria, pero hay cosas que jamás se olvidarán, que nos dejan memoria y esperanza. Hoy 17 de mayo de 2009, a ras de sueño, la muerte y otras sorpresas han llegado, de improviso, llevándote a ti, Maestro Benedetti, para acompañar las soledades de Babel. No tengo otra cosa más que decirte GRACIAS POR EL FUEGO.